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sábado, 13 de diciembre de 2014

LOS PEORES REGALOS PARA EL AMIGO SECRETO O BUENAS IDEAS PARA COMPAÑEROS DE TRABAJO CRETINOS


“Vamos, que es para que nos integremos todos”, te dijeron en la oficina para quebrar tu estoico rechazo a jugar al amigo secreto, ese usualmente incómodo ritual navideño en el que los compañeros de trabajo descubren que no se conocen para nada. Al final te convencieron y te esforzarte por complacer a esa secretaria a la que solo le hablas para pedir hojas bond. Ves su rostro de felicidad cuando abre su regalo. Misión cumplida. Ahora toca que te regalen a ti. Rompes entusiasmado el papel de colores y descubres lo poco que te aprecian en esa empresa. Te tocó…


10. LA CAJA DE VIZZIO


“Muchas gracias, aprecio mucho tu creatividad, solo me vienen regalando esto desde el gobierno de Paniagua”, te dices para tus adentros, mientras te esfuerzas por exteriorizar una sonrisa tan plástica como la bolsa que protege a tus ricos chocolates. Bueno, una vez al año no cae mal un dulcecito. Claro, siempre y cuando revises la fecha de vencimiento, porque, para serte francos, nos tinca que esa caja está rotando anualmente desde el 2006. Suave.

9. EL HENO DE PRAVIA


Jamás te has comprado una colonia en tu vida, todas las que has usado han sido regalos de navidad y cumpleaños. Pero un mal necesario sigue siendo mejor que un mal a secas. Eso hasta que te pones a pensar en la intención que oculta el botellón de alcohol aromatizado que cargas en tus manos: si te lo entregan seguramente no es porque te estimen, sino porque te están sugiriendo que deberías oler mejor. Más duchas a la semana no te vendrían mal.

8. EL PANETÓN


Nada más rico que un panetón con mantequilla luego de que éste haya sido sumergido en chocolate caliente. Un petardo de calorías (Iván Thays dixit) que es un paraíso las primeras veces que es consumido; sin embargo, bocado a bocado, engullir el bizcocho infestado de bromato se hace cada vez una rutina infernal. ¿Y en qué momento vamos a comer panetón en una cantidad que debería ser distribuida a lo largo del año? Sí, en Navidad, por eso tus compañeros de trabajo ayudan a que te atiborres de panetón y te dan uno más, por más que saben que tienes un cuarto de la casa solo dedicado a cajas de panetón. Por suerte, no es lo peor: puedes zurrarte en la indigestión y te los tragas todos, los donas o haces Perú y con toda esa mercadería pones tu bodega. Depende de ti.

7. EL PELUCHE USADO


Tienes una colección de ositos y demás amelcochados personajes en tu cuarto, esto no podría salir mal. ¿Qué es eso? Una manchita… se debe haber ensuciado al momento de envolverlo, no pasa nada… ¿“Lourdes y Andy x 100pre” escrito con liquid paper? Eh, parece que te enyucaron el vestigio de una relación pasada. Si lo quieres ver por el lado amable, tú recibes un regalo malísimo, pero la otra persona superará una relación que no funcionó. Colabora.

6. EL PAQUETE DE FIGURAS DE LOZA


No cae mal enterarte a tiempo de que tus compañeros piensan que tienes como 85 años y te creen la persona más aburrida de la oficina. ¿Alguien que no esté jubilado encuentra bonitas estas pálidas figuritas? La verdad, lo dudamos mucho. A quien no le importa, y de hecho está muy contento con el regalo, es tu sobrino hiperactivo: ya tiene qué romper cuando se le acabe el Ritalin.

5. EL USB CON VIRUS


Siglo XXI, la tecnología avanza a un ritmo impensable hace tan solo unas décadas atrás, y en la cima de la ola tu colega amante de la tecnología. Estira el brazo, dejando ver debajo de su saco un polo con la cara de Arturo Goga, y te da un regalo diminuto. “Lo mejor viene en frasco chico”, dice y te guiña el ojo. Lo abres: un USB de 512MB de memoria. Bah, pudo ser peor, no está tan mal, siempre y cuando ignores que tiene grabado el nombre de una conferencia sobre Community Management. Al día siguiente decides utilizarlo para guardar unos archivos que tienes que llevar a imprimir e insertas el dispositivo. La pantalla se pone en negro, solo para encenderse algunos segundos después con miles de ventanas con el porno más duro que hayas visto. “¿Se podía hacer eso?”, piensas, mientras tu jefa, detrás de ti y mirando a la pantalla, se pregunta con qué clase de depravado ha estado compartiendo espacio. Estás despedido. Feliz Navidad. (Inspirado en estetuit)

4. EL ENGAÑAMUCHACHOS


Los regalos de forma rectangular y que se colocan parados se delatan solos. Te toca un traguito. Nunca falla. Arrancas el papel y, ¡¿qué cosa?!, se leen las letras con acabado dorado: Chivas Regal Edición de Lujo. “Gracias, hermano, te pasaste”, dices mientras das un abrazo más fuerte que cualquiera que hayas dado en un velorio. Noche buena, momento de panudear. Usas una copa como una campana y propones un brindis.  Abres la ostentosa caja y aparece, triste y avergonzado, un whisky “Johnny” de 15 soles. Ahora sabes por qué tu colega repitió tantas veces “¿mostra la caja, no?”.

3. EL LIBRO DE AUTOAYUDA


Tienes un problema y la gente de tu oficina esperó a Navidad para decírtelo. ¿Manejo de la ira, problemas de peso, mala suerte en el amor? Descuida, tus compañeros identificarán con precisión quirúrgica cada uno de tus defectos y harán que todo el mundo se entere de cuáles son y que debes corregirlos de inmediato. El regalo que representa más fielmente a la frase “Oe, ya, palteas”.

2. EL MONTO MÍNIMO… AL CASH


Nunca está de más tomar precauciones, así que se decidió poner un monto mínimo para que la gente no se malee y regale lo que encuentre en la bodega (aunque no es garantía de nada, como vemos en los casos anteriores). ¿20 soles? ¿50 soles? No importa cuál sea la valla, alguien la tomará de la forma más literal y te regalará el billete correspondiente. No parece tan malo en un principio, pero piénsalo: no le importas lo suficiente como para preguntarle a alguien qué te gusta, ni si quiera para hacer una expedición de algunos segundos por tu perfil de Facebook para conocer tus intereses. Simplemente no lo vales. Arréglatelas con ese billete y ya no jodas. ¿Hay algo peor que eso? Sí, que te hayas esmerado con tu amigo secreto y hayas comprado un regalo que supera largamente a la cuota mínima.

1. NADA


Sí, cero. Ya sea porque te excluyeron debido a que pensaban que los participantes debían sumar una cifra par (caso de la vida real) o por el más antifestivo alpinchismo, llegar a casa con las manos vacías, peor aún si es que si hiciste la tarea de comprarle algo significativo a otra persona, es como protagonizar un melancólico especial de Navidad de algún dibujo animado de tu infancia. Solo que esta no es una caricatura y aquí no hay final feliz. Que el humo del chocolate caliente sea tan espeso que no deje ver tus lágrimas. ¡¡¡FELICES FIESTAS!!!


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